Una API bien diseñada empieza por los errores
Los casos felices caben en una demo. Los errores deciden si una integración sobrevive.
Es fácil diseñar un endpoint cuando todo sale bien: llega una solicitud, se guarda un dato y vuelve un 200. La primera pregunta difícil aparece cuando el dato ya existe, falta un campo, vence una dependencia o el cliente repite el envío porque perdió la respuesta.
Definí códigos HTTP consistentes y un cuerpo de error que permita actuar. Un 400 debería indicar qué campo corregir; un 401, que hace falta autenticación; un 409, que hay un conflicto real. Un 500 no debe revelar trazas ni secretos, pero sí incluir un identificador de correlación para buscar el incidente en los registros.
Para operaciones que crean pagos, pedidos o archivos, pensá en idempotencia. Si el cliente reintenta la misma operación, el servidor debería reconocerla y evitar duplicados. Una clave de idempotencia con vencimiento y una restricción única en la base suelen ser más fiables que confiar en que el usuario no tocará dos veces el botón.
Documentá ejemplos de error junto a los ejemplos de éxito. Después probá la API con una dependencia caída. Ahí se ve si el contrato fue pensado para una aplicación real o solo para la captura de una demo.