Qué medir desde el primer día de una aplicación web
Cuando algo falla, «en mi máquina funciona» ya no alcanza.
Una aplicación pequeña no necesita un centro de operaciones, pero sí algunas respuestas básicas: ¿está disponible?, ¿cuánto tarda?, ¿qué rutas fallan? Empezá por un endpoint de salud que distinga entre proceso vivo y dependencias esenciales disponibles.
Registrá errores con hora, ruta, estado y un identificador de solicitud. Ese identificador debe viajar del proxy a la API para seguir una petición sin leer miles de líneas a mano. Evitá registrar contraseñas, tokens, mensajes privados o cuerpos completos de formularios.
Medí latencia por percentiles, no solo por promedio. Si nueve usuarios reciben respuesta en 100 milisegundos y el décimo espera diez segundos, el promedio oculta una experiencia mala. Separá además errores del cliente de fallas del servidor: un formulario inválido no es una caída de la API.
La primera alerta útil suele ser simple: un sitio deja de responder o devuelve muchos errores 500. Después podés sumar métricas de negocio, como registros completos o pedidos terminados. Medir mucho sin una pregunta concreta produce paneles bonitos y poca claridad.