Privacidad en una app social: decisiones que empiezan antes del registro
La seguridad de una comunidad se diseña en el flujo, no al final del roadmap.
Una app para conocer personas maneja datos que parecen inocentes por separado: edad, ubicación, gustos, fotos y horarios de actividad. Combinados pueden revelar mucho. Antes de pedirlos, preguntá para qué sirven y cuánto tiempo hace falta conservarlos.
El descubrimiento debería mostrar solo la información necesaria. La ubicación exacta rara vez es imprescindible para encontrar afinidades; una zona aproximada puede alcanzar. Los controles de bloqueo y reporte deben estar al alcance durante una conversación, no escondidos en un menú de configuración.
Si conviven menores y adultos, la separación no puede depender solo de un filtro visual. Debe existir en la lógica del servidor, en consultas y en permisos. También hace falta un procedimiento para revisar reportes y responder a incidentes; un botón sin operación detrás crea una falsa sensación de protección.
Amika pone estas preguntas en el centro de su propuesta. Una función de seguridad no queda terminada al publicarse: necesita pruebas, métricas y una forma de corregir errores sin exponer a las personas.